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Por qué La Redoute abre un showroom, no una tienda

Perspectiva

Por qué La Redoute abre un showroom, no una tienda

agosto 04, 2026

Como continuación de nuestro informe "Retail en la Encrucijada", elaborado a partir de entrevistas con más de 750 retailers de todo el mundo, Emilie Robert, Global Retail Lead de Valtech, y Pascal Malotti, Global Retail Strategy Lead de Valtech, conversan con Damien Poelhekke, CEO de La Redoute Southern Europe y director global de B2B. Con motivo de la próxima apertura de un nuevo showroom de La Redoute en Barcelona, Damien explica por qué cree que el futuro del retail físico pasa por reforzar la presencia de marca, construir relaciones y ofrecer experiencias que los clientes no pueden vivir online.

El retail ha dedicado la última década a perfeccionar la transacción. Este septiembre, en Barcelona, una marca de venta por catálogo con 189 años de historia apuesta por que la próxima década se decidirá en torno a la presencia de marca. La Redoute abre un nuevo espacio cuyo éxito no se medirá por las ventas, sino por las relaciones que sea capaz de construir.

Poelhekke evita definirlo como una tienda. Es un espacio comercial donde vender no es el objetivo principal. Lo que busca es algo menos inmediato y más duradero: «Si alguien compra un sofá, estupendo. Pero lo que realmente quiero es que, cuando necesite uno, piense en nosotros. Esto no es un canal de ventas, sino un canal de marketing. Y aquí, los ingresos no son mi prioridad».

La tienda no ha muerto. Simplemente ha evolucionado y ha dejado atrás su antiguo papel.

Durante años, se esperaba que la tienda hiciera una única cosa excepcionalmente bien: vender. Hoy, el canal digital ya cumple esa función. Los clientes descubren, comparan y compran dónde y cuándo les resulta más conveniente. Y, a medida que los asistentes de IA transforman el proceso de compra, las marcas se enfrentan a un riesgo más sutil: desaparecer justo en el momento de la decisión.

La tienda física puede ser el último espacio donde una marca controla su relato de principio a fin. Eso redefine su papel: deja de ser principalmente un canal de distribución para convertirse en un escenario donde construir marca, crear comunidad, inspirar, educar y contar historias. Es el lugar para todo aquello que el marketing de resultados y las recomendaciones algorítmicas no pueden transmitir. Los códigos de este tipo de espacios ya son ampliamente reconocibles: galerías, artesanía y una cuidada experiencia de acogida. El showroom de Barcelona es la apuesta de La Redoute por ese modelo.

Del rendimiento a la presencia de marca

Poelhekke habla con total franqueza sobre este cambio. Como la mayoría de los retailers, La Redoute apostó durante años por la captación de clientes y el marketing de resultados mientras el crecimiento digital seguía siendo relativamente asequible. «Antes hacíamos muchas cosas pequeñas», explica. «Ahora hacemos muchas menos. Pero, cuando hacemos algo, lo hacemos muy bien». Menos captación constante. Más eventos, colaboraciones con diseñadores, comunidades creativas y conversaciones.

Muchas marcas confunden captar más clientes con construir una marca. Para Poelhekke, eso crea una burbuja, no una marca, y está decidido a desmontar esa idea. Reconoce que el retorno es más lento y mucho más difícil de medir. «Invertir 50.000 o 100.000 euros sin un retorno inmediato no es fácil. Pero es precisamente lo que genera una diferenciación sostenible a largo plazo».

Ese tipo de inversión requiere convicción. No es algo que pueda justificar un dashboard. Poelhekke lo sabe por experiencia. Antes de incorporarse a La Redoute, impulsó el negocio de Made.com en Benelux y abrió su primer showroom.

El proyecto de Barcelona responde a esa misma filosofía. No nació como un plan de expansión del retail, sino a partir del alquiler de una oficina. En lugar de alquilar un espacio de trabajo convencional, Poelhekke optó por uno más amplio que funciona tanto como oficina como espacio abierto al público. El equipo trabaja allí dos o tres días por semana. El resto del tiempo, el espacio acoge a diseñadores, clientes y partners, además de servir como sede para eventos. «No tengo presupuesto para abrir una tienda», afirma. El showroom es, en cambio, el resultado de aprovechar un alquiler que ya estaba previsto. Si funciona, puede convertirse en un modelo para otras ciudades.

Hay productos que necesitan tocarse

A medida que aumenta la competencia en el sector de la moda, La Redoute encuentra cada vez más su margen y su diferenciación en el hogar. Comprar una pantalla para una lámpara por internet resulta sencillo. Un sofá es otra historia. La textura, el peso, la comodidad o la relación real entre calidad y precio son aspectos que ninguna pantalla puede transmitir.

«Cuando las personas tocan el producto, entienden su calidad y también entienden su precio», explica. En los eventos, el comentario que más escucha es tan sencillo como revelador: «Es mejor de lo que esperaba». La presencia física reduce la distancia entre la percepción y la realidad.

La comunidad, antes que la conversión

El espacio de Barcelona está concebido para un tipo de interacción diferente, y eso empieza por un perfil distinto de empleado. No buscan profesionales con experiencia en retail, sino personas procedentes del sector de la hostelería, acostumbradas a recibir, conversar y crear experiencias. «Lo que hayas hecho antes no importa», afirma. Algunas de las mejores incorporaciones han llegado por caminos poco convencionales. Cuando la conversión inmediata deja de ser el objetivo, el éxito depende menos de vender y más de construir relaciones. En un espacio como este no necesitas un cajero, sino un anfitrión.

La misma filosofía inspira La Redoute Business, la división que equipa hoteles, restaurantes, estudios de arquitectura, promotoras y operadores de coworking, y cuya existencia muchos desconocen. El espacio de Barcelona se convierte así en un punto de encuentro para prescriptores, donde mostrar proyectos, fortalecer alianzas y generar nuevas oportunidades de colaboración, más que en un lugar para exponer productos.

La IA hace que la presencia física sea aún más valiosa

A pesar de defender la importancia de la presencia física, Poelhekke no es escéptico respecto a la IA. Dentro de la compañía ya utiliza agentes de IA, entre ellos un «radar de oportunidades» capaz de identificar nuevos hoteles, restaurantes y proyectos comerciales en toda Europa antes que la competencia. En el ámbito del consumidor, sin embargo, es más prudente: los clientes siguen queriendo tener la última palabra en sus decisiones.

Esa tensión juega, precisamente, a favor de la presencia física. Cuanto más medien los algoritmos y los agentes de IA en el recorrido del cliente, más valiosos serán los escasos momentos en los que una marca interactúe directamente con una persona. Ningún algoritmo estrecha una mano.

La captación sigue produciéndose online. El espacio físico pasa a convertirse en un destino. Por eso, señala, una marca nacida en el entorno digital no necesita pagar un local en los Campos Elíseos del mismo modo que Zara. Zara, con una inversión mínima en publicidad, construye su marca a través de sus tiendas. La Redoute ya conecta con su audiencia online y puede concentrar su inversión en espacios físicos allí donde realmente aportan valor.

Un prototipo de la tienda del futuro

Barcelona no es solo el primer showroom de La Redoute fuera de su modelo tradicional. Es un prototipo de lo que está por venir en el retail. Durante décadas, los retailers midieron el éxito de una tienda por su facturación por metro cuadrado. Hoy pueden empezar a medirlo por aquello que resulta más difícil de cuantificar: las relaciones que construye, las comunidades que crea y los recuerdos que deja.

La paradoja ya no lo es tanto: la tienda que mejor vende es la que ha dejado de intentar vender. El punto de venta se está convirtiendo en un espacio de experiencia. No es solo una hipótesis, sino una dirección clara para el futuro del retail. El catálogo de La Redoute enseñó durante generaciones a los consumidores franceses a comprar sin entrar en una tienda. Ahora la compañía afronta un reto más complejo: conseguir que las personas quieran cruzar la puerta… y quedarse.

Contacta con los autores

Emilie Robert
Global Vertical Retail Lead & Global Client Executive
Pascal Malotti
Global Retail Strategy Lead & Strategy Director at Valtech France

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